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Más allá de la trama argumental, en MemoField subyace la idea de un hipotético despertar de la Sociedad Civil, a través de un narrador en primera persona del plural. Un lento y doloroso despertar del “nosotros” observa la realidad de principios del S. XXI: movimientos, manifestaciones, revueltas, conexiones de pensamiento a través de la red, miradas entre los bastidores del poder, saber, cultura, sostenibilidad, diseño de un nuevo orden basado en la conciencia colectiva, etc…

A este respecto, pueden resultar interesantes las elucubraciones de Marc acerca del esfuerzo que requiere cualquier pequeño acto de verdadera libertad.

“…El Yo nace en el preciso momento en que tomamos conciencia del Tú y el Ellos, justo con la aparición de los primeros miedos a cualquier tipo de agresión o robo. E inmediatamente se nos socializa obligándonos a acatar una autoridad y unas normas en cuya construcción no hemos tenido ocasión de participar; se nos impele así a inhibir inmediatamente ese Yo apenas floreciente en pro de un Ello social. El resultado: vidas con conciencias erráticas, imperfectas y dolorosas; toda una civilización basada en la frustración. Unos, buscan reconstituir ese Yo que nunca llegó a existir a través del poder y el éxito, y los otros, la inmensa mayoría, se regocija en un continuo melodrama para reivindicar una identidad, una supuesta individualidad pensante y sintiente. Seres biológicamente miedosos y egoístas que nos pasamos la vida pataleando desde un imperfecto y amorfo constructo de la conciencia.”

“Quizá por eso odio la superficialidad de la mayor parte del cine y la literatura, esa exacerbación del Yo es totalmente ridícula. Siempre he pensado que lo significativo de una novela de doscientas páginas cabe perfectamente en un par de párrafos. Descripciones, maquinaciones, justificaciones, tragedia, melodrama… Siglos de culto a una subjetividad enferma. Cuánto mejor nos hubiese ido dedicando la mitad del esfuerzo al estudio de la conciencia humana y su desarrollo.”

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