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Entiendo que una verdadera Obra de Arte es aquella capaz de expandir mi conciencia, independientemente de lo renombrado o famoso que sea su autor. Algo así me sucedió cuando conocí “La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo”, Reconocí la herencia de la primigenia curiosidad humana por la observación y la conservación de cuerpos que una vez fueron animados, y que desde la arqueología, la biología, la taxidermia o la ciencia forense han saltado al Arte durante las últimas décadas. “¿Qué es la belleza?” (2001) o “¿Qué es la desaparición?” (2003), dos obras de mi serie “Enigmatizaciones”, van en esta línea; aunque, como puede observarse, con modestos medios y capacidades.

“Pienso que el Arte es a nivel colectivo lo que los sueños son a nivel individual. Todos nos hemos levantado tras un sueño que perturba nuestro habitual estado de vigilia, al que llamamos consciente. Para no extenderme, pienso que el artista es como el subconsciente de la sociedad. Hace aflorar la gran cantidad de información que la parte supuestamente consciente se pierde, por estar enfocada solamente a lo práctico, al día a día, a la repetición. El artista se encarga de llamar la atención sobre algo que marcha mal, o de indicar nuevas vías que han de hacerse conscientes para seguir evolucionando como especie.” Nos dice Marc en MemoField durante una de sus clases.

En esta línea de pensamiento comparto la inquietud de Hirst acerca del tabú en que hemos convertido a la Muerte en las sociedades contemporáneas, y las consecuencias que este hecho podría tener en una vida carente de valores y orientada exclusivamente hacia lo material. ¿Quizá con una mayor presencia de la Muerte en la educación acabaríamos con la codicia infinita? ¿De qué nos servirán las posesiones allá en la tumba? Por citar una sola de tantas posibles consecuencias del destierro de la idea de finitud en la que vivimos inmersos.

Años después, tuve conocimiento de “Calavera con Diamantes”; pero, en esta ocasión, la obra me llegó asociada a la noticia de las astronómicas cifras que alcanzaban las obras de Hirst en el mercado del arte. Entonces seguía teniendo una buena imagen de quien pudiera ser el autor de semejantes obras, muy en la línea de las mías propias, pensando que no tenía porqué ser responsable del precio que sus obras llegasen a alcanzar en un sistema tan ajeno al Arte genuino, como la especulación.

Con motivo de la exposición retrospectiva de Hirst en la Tate Modern de Londres; ahora sí, he querido saber algo más de tan mediático artista.

Para alguien que, como yo, piensa que las Vanguardias Artísticas fueron un despertar de la conciencia individual y que marcan el camino para liberar al arte de siglos de ataduras de los poderes económicos, políticos y religiosos, saber de un tipo que se autoproclama cínicamente heredero del Punk (hazlo tú mismo, y fuera del “mainstream”), que aprueba, e incluso se jacta de que sus obras sean fuente especulativa para el capital, que se vanagloria de poseer varias mansiones millonarias y de tener un equipo que hace el trabajo “sucio” por él… simplemente, me produce Asco (agggko, para que me entendáis bien).

Y, lo que pasa cuando uno investiga un poco… Para colmo, Hirst no reconoce que plagia descaradamente obras de otros artistas. Ni siquera se preocupa por “maquillar” un poco la vil copia, dado que no aporta nada nuevo a las ideas originales. Hirst es un gilipollas. Un niñato con un ego perturbado, incapaz de un mínimo de introspección, que patalea para llamar la atención.

Hirst es el perfecto personaje para este mundo-espectáculo: títere mediático sin conciencia, embajador del relumbrón tras el que, cuando rascas un poquito, tan solo hay vacío.

El Arte puede cambiar el mundo. Sigo creyendo firmemente en ello. Las fuentes de la intuición para vislumbrar lo posible y la creatividad para llevarlo a cabo siguen siendo solo accesibles a los verdaderos Artistas y a los verdaderos Científicos. Pero, si éstos se convierten en mercenarios de los poderes más rancios y conservadores, matan cualquier potencial transformador de sus obras y descubrimientos.

La mayoría de los ciudadanos reciben estas obras junto a la etiqueta “se han pagado miles de millones de dólares por ella”. ¿Cómo van a creer en el Arte Contemporáneo? Jamás prestarán atención al mensaje que la obra contiene. Estas obras fenecen antes de haber tenido oportunidad de transformar la conciencia de un solo ser humano.

Cuando llegan a Museos como la Tate Modern ya son solo cadáveres, por lo que ir a ver la retrospectiva de Hirst en la Tate Modern no tiene ningún interés más allá del espectáculo y la especulación.

Malos tiempos para el Arte. El contenido de sus sueños no puede llegar a la gente, ahora que tanto lo necesitamos.

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