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Ayer me sorprendía leyendo la noticia con este titular en El País, donde se destacaba que ‘Irak vive una oleada de asesinatos de jóvenes con estética de éxitos como la saga ‘Millennium’‘ y que ‘Estos hechos se suman a casos parecidos en otros países’.

Se trata de adolescentes que se definen por vivir los extremos de sus experiencias, tanto las que les acercan a la felicidad como las que les llevan a todo lo contrario: la tristeza. A través de la vestimenta y lo simbólico de sus peinados y abalorios se integran en la gran familia que han formado, desde México hasta Tokio, pasando por Nueva York, Berlín y, según acabo de comprobar, hasta en algunos países árabes.

Ellos dicen que la sociedad, grupos de otras tribus urbanas y a veces sus propias familias, critican su modo de integración y presentación, cuando lo único que hacen es reivindicar una forma de hermandad y sus emociones asociadas. De aquí se desprende el calificativo ‘emo’ de su tribu.

Si uno les pregunta a qué están jugando, en un arranque de solemnidad te dicen que simplemente son seres humanos que piden a la sociedad tolerancia y respeto para disfrutar de las sensaciones y emociones que están ahí por el simple hecho de vivir, en lugar de reprimirlas con distintas formas de hipocresía.

Uno no termina nunca de sorprenderse. Lo que inocentemente creía ciencia ficción cuando en MemoField las tribus urbanas son especialmente perseguidas por mostrar de forma ostentosa “las diferencias” posibles al modo de pensar imperante, no sabía hasta qué punto es algo tan trágico y real en nuestros días.

Exterminar es una palabra muy fuerte, que nos retrotrae al nazismo más perturbado y peligroso. La reflexión de la novela va más en el sentido de lo poco valoradas que son las prácticas juveniles por las sociedades y sus “expertos”. La juventud se interpreta tan solo como un período transitorio del desarrollo del pensar, sentir y actuar del sujeto en su paso hacia la edad adulta como “ciudadano responsable”. Pasan desapercibidas aquellas prácticas que no se relacionan directamente con la economía, el trabajo y el consumo. De este modo, se pretende que el joven quede ‘fuera’ de la historia, al obviar la interaccion social que se genera durante el propio proceso de desarrollo afectivo y social. ¿No será porque en todas las culturas los jóvenes son la semilla del cambio?

Curiosamente, MemoField explora también la actitud Punk ante la vida, tantas veces denostada y muy malinterpretada. Aprovecho la noticia para compartir unos párrafos de la novela, extraídos de una conversación entre Mark y Sara vía chat.

Si te parece, ahora podemos definir mucho mejor lo que significa ser Punk.

<Sara_94> 😉 ¡Venga!

En realidad es solo una etiqueta, pero contiene una larga tradición: parte de la filosofía griega, el budismo original, la ilustración, el romanticismo, el existencialismo, el dadaísmo, el surrealismo, parte de otras vanguardias artísticas, etc., etc. Es más, cualquiera puede ser punk si toma conciencia de lo que significa. Incluso podemos ponerles nosotros la etiqueta cuando vemos la actitud. Últimamente en Avanza estoy conociendo a science-punks, psico-punks, hackers, police-punks, etc. La actitud está en todas partes, incluso en la política ya hay personas que han topado con el muro establecido, pero no han claudicado, y buscan nuevas formas de organización social. Eso sí. De momento permanecen ocultos, esperando su momento.

<Sara_94> Saber eso anima bastante. 😀

Punk es la corriente de todos aquellos genuinamente humanos; que no temieron ni temen el verdadero progreso, cuestionar las ideas, las normas, las tradiciones y las instituciones obsoletas. Ateo, anarquista, crítico, violento, problemático, no integrado, promiscuo, raro, y un largo etcétera son los adjetivos que la clase conservadora nos pone porque en el fondo significamos un cambio potencial en el statu quo. Ahora nos toca a nosotros contraatacar y poner en evidencia que la avidez de poder y de dinero, la hipocresía y la mentira en las relaciones humanas, la manipulación, la conspiración, y las continuas estrategias de los conservadores para mantener sus privilegios son una grave enfermedad, una lacra para la especie humana.

Ser punk es quererse como individuo, es respetar las diferencias, es creer solo en las verdades que podemos compartir, no en aquellas que un poder externo impone a través de normas y dogmas. Ser punk es motivar por inclusión, no por dominación, es la capacidad de seguir haciendo incómodas preguntas y compartir las posibles respuestas. Ser punk es compartir principios universales y no promover ningún tipo de elitismo. Ser punk es, al fin y al cabo, seguir siendo humano, seguir superando los miedos y las limitaciones.

<Sara_94> 😀

<Sara_94> ¡Qué bueno! Estaba de bajón y tus últimas palabras me han cargado las pilas. ¿Puedo apuntar algo?

<Mark_1> Por supuesto. Después de la santa paciencia que has demostrado para dejarme soltar el rollo… ;-D

Ser punk es atreverse a modificar la realidad aspirando a un mundo mejor para todos.

<Mark_1>  AMÉN.

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