¿Hacia una sociedad más sabia?

NMI juan ais

Aunque el 15M parecía haber despertado la conciencia adormilada de los españoles, cuando uno echa un vistazo a los ‘opinódromos’ en que hemos convertido las televisiones, los periódicos y los ‘FaceBook’ o ‘Twitter’, no puede dejar de sentirse decepcionado ante la ingente cantidad de opiniones superficiales y espurias que dan forma a la más tupida y perfecta pantalla impermeabilizadora de un pensamiento verdaderamente profundo y transformador. Paradójicamente, nuestra inteligencia crítica está creando la barrera perfecta tras la que se siguen parapetando gobernantes y éltes financieras para seguir cometiendo sus tropelías, sin despeinarse siquiera. Efectivamente: mucho ruido y pocas nueces. Mucho aspaviento y pataleo mientras la esperpéntica realidad sigue adelante con el saqueo de lo público y el desmantelamiento sistemático de derechos y libertades.

A pesar de la grave crisis social, política e institucional, me temo que la Sociedad Civil de este país seguimos tanto o más aborregados que de costumbre. Salvo honrosas excepciones como la PAH o el florecimiento de algunos movimientos y partidos políticos avanzados, como el Partido X o Equo, me temo que andamos bastante despistados acerca de lo mucho que en realidad nos une ante la aparente diversidad de opciones al rodillo del ‘capitalismo neoliberal’ que nos arrasa (al que después de los rescates a la banca deberíamos empezar a llamar, con más propiedad, ‘capitalismo de estado’, o aún más explícitamente ‘connivencia entre mafias políticas y económicas’).

Intento iniciar aquí una reflexión que creo está pasando desapercibida, cuando quizá debería ser el eje vertebrador de un único y enfocado movimiento ciudadano hacia un nuevo pacto social, a la vista del deterioro del que nos había mantenido aceptablemente cohesionados desde la transición hasta el estallido de la crisis. Esto no significa ni mucho menos que ese movimiento transformador debiera estar amparado por un único partido, pero sí que resulta fundamental estar de acuerdo en un marco común sobre la idea de justicia al que bajo ningún concepto estamos dispuestos a renunciar como sociedad. Dicho de otra manera, hemos de ponernos de acuerdo acerca de cómo debe ser el tablero en el que queremos reiniciar el juego político, para poder así parar los pies de aquellos que se saltan las reglas. Los gobiernos recientes han roto unilateralmente el tablero, la baraja y las reglas que nos habíamos dado, en connivencia con los poderes económicos, mientras los ciudadanos nos quedamos perplejos sin saber qué hacer y a quién apelar ante tamaño despropósito. Hasta hace bien poco nos quedaba la fe en nuestra justicia, pero incluso esta ‘sagrada insitución’ está mostrándose tocada por el mismo mal que la sociedad toda: la sumisión ante los poderes económicos.

En lugar de luchar todos contra todos, deberíamos empezar la casa por los cimientos, y observar las distintas concepciones que de la justicia se han desarrollado a lo largo de la historia de las democracias, para saber a ciencia cierta cuál es la que queremos hoy en este país como marco regente de las reglas de juego político y social. Nuestra actual constitución está conformada por un ‘mix’ de todas ellas, y propició el consenso suficiente para regirnos durante las últimas décadas. Hemos de convenir que ha sido ultrajada por unos gobernantes presionados por los poderes económicos sin pedir permiso a la ciudadanía. Urge por tanto un nuevo consenso adecuado a los tiempos, una versión 2.0 con la participación de todos, no solo con el manejo de aquellos que han tejido durante décadas un poder bipartidista y oscuro, alejado totalmente de la ciudadanía.

Dentro de nada nos van a pedir el voto para el parlamento europeo, y a la vuelta de la esquina para el nacional. A los partidos políticos: Déjense de consignas y programas para idiotas, y definan y expliciten ‘qué tipo de justicia nos quieren ofrecer’ si aspiran a representarnos a partir de ahora. A los ciudadanos: estemos muy atentos y exijámosles este debate y no otro, pues todos los principios subsiguientes como la libertad, la autonomía, la igualdad, etc., emanan y se sustentan del marco de justicia que consensuemos.

Una somera revisión, fundamental para empezar a reflexionar sobre la idea de justicia que queremos, y para aprender a exigir a nuestros políticos que se centren en lo importante o que se vayan directamente a la mierda:

1. Justicia utilitarista. Los utilistaristas están convencidos de que el objetivo de la sociedad es garantizar el bienestar del máximo de personas posible, para lo cual, ningún principio por sí mismo tiene valor (libertad religiosa, igualdad entre hombres y mujeres, no discriminación por el color de la piel, prohibición del trabajo infantil, etc…). Algunos ejemplos: EE.UU. justifica de este modo la pena de muerte, o torturar a un terrorista hasta la muerte si hace falta, para prevenir un atentado. Esta ideología está también detrás de ‘no dejar caer a la banca’ por el supuesto mal que esto causaría a toda la sociedad. A poco que reflexionemos, nos daremos cuenta de que se trata de una ideología perfecta para cualquier régimen paternalista, populista y totalitarista. ‘Si queremos a Assange, a Snowden o a BinLaden en la cárcel o ‘en el otro barrio’ es por vuestro bien, conciudadanos’.

2. Libertarismo. Esta idelogía se basa en la libertad personal y de mercado. Cualquiera es propietario de su cuerpo y puede venderlo al mejor precio o alquilar sus talentos. También puede, por ejemplo, poner precio a sus órganos y venderlos al mejor postor. No se deben pagar impuestos, si acaso los mínimos para mantener el orden público y el derecho mercantil, dado que cada cual es dueño absoluto del fruto de su trabajo. Bajo estas justificaciones se entiende que el Estado no debe imponer leyes antidroga ni garantizar una educación o salud públicas. Cada cual ‘que se las pele’ como pueda. Notaréis aquí la ola de libertarismo importada de EE.UU. y que arrasa Europa tras la crisis. Dejar que los ciudadanos caigan en la pobreza sería el resultado de una especie de ‘Ley Natural’: la supervivencia de los más aptos. Enseguida nos vienen a la mente grandes contradicciones como explicar la debacle económica y la caída del sistema financiero a través de fuerzas económicas ajenas a la voluntad de especialistas e inversores. ¿No habría que explicar del mismo modo las enormes ganancias que anteriormente recibieron?

3. Igualitarismo. Para los igualitarios, un sistema es justo siempre que haya igualdad en la libertad. Se parte de la idea de que no todos nacemos iguales, pero el Estado debe mitigar en lo posible las diferencias. Para ello promueve una educación o una sanidad universal y gratuita, por ejemplo. Un sistema justo, válido para todos, debe partir de una negociación en la que nadie esté en peor situación que otro. Rawls propuso una negociación bajo ‘el velo de la ignorancia’. De este modo se establecerían acuerdos lo suficientemente imparciales como para poder llamarse justos, puesto que se parte del supuesto de que nadie conoce su posición social, familiar, económica, ni cuál es el talento que le define, y negocia por tanto desinteresadamente una idea de bien común para todos. A partir de este consenso inical, Rawls propone además que el Estado fomente el desarrollo de los talentos con que cada uno nace (no igualarlos por abajo), con la condición de que la comunidad disponga de medios con los que exigir a los más favorecidos que compartan sus resultados con aquellos que lo son menos. Podría parecer injusto que quienes más logran tengan que compartir, pero a esta objeción Rawls argumenta que es la sociedad en su conjunto quien permite que se premie a un futbolista de manera más que generosa, y es también la sociedad la que crea y mantiene el contexto para que quienes tienen iniciativa ganen mucho dinero con sus emprendimientos.

4. Republicanismo. También se enfoca en la importancia de la libertad, pero entiende que su sentido negativo (no sentirse coaccionado para actuar) y positivo (tener capacidad y medios de actuar) no son suficientes para garantizar la libertad en toda su amplitud. Entiende, además, que cuando un ciudadano está sometido a otro, cuando depende de una voluntad que no es la suya, carece de libertad. Lo que se reivindica desde la tradición republicana es la ‘libertad como no dominación’. El Estado Republicano sería aquél en que la ciudadanía toda defiende y extiende dicha libertad, y que no permite ningún tipo de elitismo. Sí. Ya se que estáis pensando en algunos anacronismos vigentes en nuestra constitución. Volviendo al ejemplo anterior, ¿las supuestas virtudes del broker que la sociedad premia con inmensas ganancias, favorecen o impiden la dominación de unos pocos sobre la suerte de muchos? Recordemos lo dicho más arriba: cuando se trata de pérdidas cambiamos el rasero. No es que sean incompetentes y por tanto responsables, sino que la ‘naturaleza del mercado’ es ‘así’.

Juzgad vosotros mismos. A mi me da que nuestra actual constitución está bastante fundamentada sobre el Igualitarismo, gracias a lo cual fue posible el consenso del 78, y creo que debería tender en lo posible también al Republicanismo, sobre todo para superar el anacronismo de la Monarquía e incidir en la separación real de los poderes ejecutivo y legislativo; y por supuesto zanjar ya de una vez por todas la cuestión laica para dejar a la iglesia donde le corresponde en el S. XXI, o sea, al mismo nivel que cualquier otra religión… Y bueno, lo que entre todos decidamos sobre un documento tan importante. Lo que se hace del todo insoportable es que nos obliguen a retroceder mediante ideologías alienígenas a nuestro adn como sociedad madura y transitada ya por varios intentos de darnos la mejor convivencia posible. Basta de regresiones, miremos al futuro con entereza y, sobre todo, con dignidad.

Si habéis llegado hasta aquí es porque de algún modo queréis ser partícipes de los tiempos convulsos y de cambio que a todos nos toca vivir, y estáis un tanto hartos de bombardeo de ideas confusas y contradictorias. Seguro que os gustará leer MemoField, un híbrido entre novela y ensayo que intenta profundizar de forma bastante más amena que en el presente tostón sobre algunos temas sobre los que considero urgente que la Sociedad Civil de los países occidentales intervenga. Ya.

Sobre MemoField.